entendí que no solo sabía.
Él lo había ordenado.
—Era para protegerte —dijo.
—¿Falsificar mi firma era protegerme?
—Tú no entendías de asuntos legales.
—No. Tú rezabas para que nunca entendiera.
La puerta se abrió sin tocar. EligePuertas Resistentes
Tomás entró como siempre, con gorra, tenis caros y cara de dueño.
—¿Qué le estás haciendo a mi papá?
Yo ni siquiera volteé.
—Buenas tardes, Tomás. En esta casa se toca.
—Esta casa es de mi papá.
Ahora sí lo miré.
—No.
Él se rio.
—Ay, señora, no empiece.