Tomás miró a su padre.
—Dijiste que todo estaba arreglado.
Esteban lo fulminó.
—Cállate.
Yo sonreí.
—Eso. Cállense entre ustedes. A mí ya me cansaron.
Fui a la puerta y la abrí.
Afuera estaba una mujer de uniforme blanco con una mochila médica.
Esteban frunció el ceño.
—¿Quién es ella?
—Claudia. Enfermera certificada. Turno nocturno. EncuentraCursos Enfermería
La mujer entró con calma.
—Buenas tardes.
Esteban me miró como si lo hubiera traicionado.
—Yo no necesito una enfermera.
—Dijiste que sí. Dijiste que valía un dineral.
Tomás se rio por