el olor, y me manché la blusa.
Me reí.
Nadie me regañó.
Luego entré a una panadería y compré una concha de vainilla.
No para él.
Para mí.
La mordí caminando despacio por la plaza, viendo parejas, vendedores, globos, niños corriendo detrás de burbujas.
Pensé en la carretera a Cuernavaca, en el accidente, en la mujer que fui antes y después. Gentey sociedad
Durante años, todos me hablaron de la tragedia de Esteban.
Nadie me preguntó por la mía.
La mía no salió en radiografías.
No necesitó silla