Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

el olor, y me manché la blusa.

 

Me reí.

Nadie me regañó.

Luego entré a una panadería y compré una concha de vainilla.

No para él.

Para mí.

La mordí caminando despacio por la plaza, viendo parejas, vendedores, globos, niños corriendo detrás de burbujas.

Pensé en la carretera a Cuernavaca, en el accidente, en la mujer que fui antes y después. Gentey sociedad

 

Durante años, todos me hablaron de la tragedia de Esteban.

Nadie me preguntó por la mía.

La mía no salió en radiografías.

No necesitó silla