Después de cinco años bañando a mi esposo paralítico, lo escuché reírse y decir que yo era “una enfermera gratis”. Ese día no grité… ese día empecé a quitarle todo sin que se diera cuenta.

explotada que aprendió tarde a cobrarse con libertad.”

Tiempo después recibí una carta de Esteban.

La mandó desde el centro.

No la abrí en cuanto llegó.

La dejé tres días sobre la mesa. Astronomía

 

Cuando por fin la leí, decía:

“Brenda:

Aquí todos cobran por cuidarme. Nadie adivina. Nadie corre si grito. Nadie me odia, pero nadie me obedece por amor.

Creo que eso era lo que yo confundí contigo.

No sé pedir perdón sin querer algo a cambio. Estoy aprendiendo.

Esteban.”

La doblé.

 

No lloré.

La guardé