Mucho más.
Me reí sola, con azúcar en los dedos y sol en la cara.
Cinco años pensé que el amor era quedarme aunque me rompiera.
Después entendí que amor también era llamar a una enfermera, contratar una abogada, abrir ventanas, quitar una cama de hospital de la sala y decir:
“No voy a abandonar a un enfermo. Voy a abandonar el abuso.”
Esteban creyó que me tenía por comida y techo.
Tomás creyó que yo era una señora esperando desalojo.
Sus amigos creyeron que yo era una enfermera