se muera, tú te vas a largar de esta casa. Lugaresde culto
Grabé a Esteban respondiendo:
—Déjala. Mientras me sirva, que se quede.
Conseguí abogada.
Una buena.
De esas que no te acarician la mano, te abren los ojos.
Cuando le puse todo sobre el escritorio, ella solo dijo:
—Brenda, tu esposo no necesita una enfermera. Necesita una demanda.
Ese viernes regresé a casa temprano.
Esteban estaba en la sala, hablando por teléfono con Tomás.
No me oyó entrar.
—No te preocupes —decía—. En cuanto yo falte, la saco.