tuvo que encerrarse cinco minutos en el baño para llorar sin que la niña lo viera.
Mariana nunca volvió a ser la joven que él había dejado veintiséis años atrás.
Y Alejandro comprendió que eso estaba bien.
Él tampoco era aquel muchacho.
No tuvieron un final perfecto.
Tuvieron algo más difícil.
Un comienzo.
Uno construido después de mentiras, cartas escondidas, dinero robado y años que nadie podía devolverles.
Porque Alejandro finalmente entendió que la verdadera traición nunca había sido que Mariana dejara de esperarlo.
Ella nunca había dejado de intentarlo.