por una pequeña cafetería que quedaba en mi zona habitual de patrullaje.
Llevaba años entrando allí.
Normalmente pedía café y algo sencillo antes de comenzar el turno.
La dueña se llamaba Mariana.
Era madre de un niño y casi siempre estaba detrás del mostrador acomodando vasos, limpiando mesas o llevando cuentas.Nos tratábamos con educación, aunque nunca habíamos hablado demasiado.
a tubos, con parte del costado rasurado.
Cuando escuchaba mi voz, abría un poco los ojos.
A veces golpeaba una sola vez la cama con la cola.
Nada más.
Y