decidí llevarlo a caminar unas cuadras.
Sin uniforme.
Sin patrulla.
Solo pantalones de mezclilla, camiseta y la correa en la mano.
Bruno avanzaba despacio, deteniéndose cada pocos metros para olfatear algo.
Terminamos frente a la cafetería.
Cuando abrí la puerta, varias personas voltearon.
Durante un segundo nadie dijo nada.
Luego alguien empezó a aplaudir.
Otra persona se unió.
Después otra.
Bruno no entendía nada.
Movió la cola y fue directamente hacia Mariana.
Ella se agachó.
Bruno apoyó el hocico en su mano.
Mariana tenía los ojos húmedos.
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