pero estaba consciente.
—¿Mamá?
—Durmiendo en la sala de familiares.
—¿Y tú?
—Yo debería hacer lo mismo.
Ethan sonrió débilmente.
—Eso significa que no has dormido.
Me senté junto a él.
—¿Cómo te sientes?
—Como si me hubiera atropellado un camión.
—Eso es una mejora. Ayer decías que era un tren.
Se rio apenas un segundo y después hizo una
mueca de dolor.
Permanecimos en silencio.
Entonces dijo:
—Papá.
—¿Sí?
—¿Vas a hacerle daño?
Sabía exactamente de quién hablaba.
—No.
—Pero cuando estabas hablando por teléfono…
—Escúchame.
Le tomé la