había conocido desde niño.
Mi hermano.
Durante dieciocho años había imaginado qué diría si pudiera volver a verlo.
No dije nada.
Victor tampoco.
Nos quedamos mirándonos.
Finalmente habló.
—Hola, Caleb.
Crucé la habitación.
Lo abracé.
Y un segundo después lo aparté.
—Te enterré.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos.
—Lo sé.
—Mamá murió creyendo que estabas muerto.
—Lo sé.
—¿Sabes
lo que me hiciste?
—Sí.
—No. No lo sabes.
Victor bajó la cabeza.
—Probablemente no.
Respiré profundamente.
—¿Por qué apareciste aquella noche?
—Porque iba a terminarlo.
—¿Cómo?
—Bell y yo