El sheriff disparó a mi hijo y se rio… pero no sabía quién era realmente su padre

No hubo venganza.

Hubo órdenes judiciales, vigilancia autorizada y agentes estatales.

A las 21:16, Eleanor llegó.

Richard apareció doce minutos después.

La conversación quedó registrada conforme a la autorización obtenida por los investigadores.

No confesaron cada detalle.

Pero hablaron de contratos.

De Bell.

De Victor.

Y finalmente de Ethan.

Según la grabación, Eleanor estaba furiosa.

—¿En qué estabas pensando? —le espetó a Richard—. ¡Es un chico!

—Escuchó demasiado.

—¡Le disparaste delante de una cámara!

—Price iba a arreglarlo.

—Price es un idiota.

Entonces llegó la frase que Ortega necesitaba.