que los fiscales pudieran demostrar con los documentos y testimonios reunidos.
Y mientras todo aquello ocurría, yo estaba en el hospital.
No quise verlo.
No necesitaba estar allí cuando se los llevaran.
Estaba donde debía haber estado desde el principio.
Junto a Ethan.
A la mañana siguiente, Marcus entró en la habitación acompañado por una fisioterapeuta.
—Tenemos que intentar algo.
Ethan palideció.
—¿Qué?
—Mover el pie derecho.
Mi hijo cerró los ojos.
Pasaron cinco segundos.
Nada.
Diez.
Laura apretó mi mano.
Entonces lo vi.
El dedo gordo del pie derecho