cancha.
Levantó el balón.
—Papá.
—¿Qué?
—Si encesto desde aquí, compras la cena.
—¿Y si fallas?
Sonrió.
—También compras la cena.
—Eso no parece muy justo.
—La vida no siempre
lo es.
Lanzó.
Observé el balón cruzar el aire.
Y comprendí que ya no me importaba si entraba.
Mi hijo estaba de pie para verlo caer.
Por ahora, eso era suficiente.
Durante unos segundos, el balón pareció quedarse suspendido en el aire.
Después entró limpiamente en la canasta.
Ethan levantó los brazos.
—¡Cena!
—Ese trato estaba amañado desde el principio.