Todo parecía exactamente igual.
—Entonces eres mi hermana.
—Media hermana.
—No hagas precisión semántica ahora.
—Lo siento.
Se giró.
—Trabajas en mi casa desde hace ocho años.
—Sí.
—Sin decirme que compartimos padre.
—Sí.
—Por qué?
Natalie apretó las manos.
—Porque no vine por ti.
—Entonces por qué?
—Por tu madre.
Eso no tenía sentido.
—Mi madre ya estaba muerta cuando empezaste.
—Precisamente.
Silencio.
Natalie continuó.
—Katherine me encontró cuando yo tenía veintiséis.
Sebastian sintió un frío distinto.
—Mi madre sabía que existías.
—Siempre.
—Y no me dijo.
—Me pidió