Katherine”.
Sebastian miró a Natalie.
Después empezó a reír.
De verdad.
Fuerte.
Natalie se quedó horrorizada.
—No tiene gracia.
—Muchísima.
El fantasma era una niña de tres años escuchando a su madre hablar dormida.
Mia había visto fotos de Katherine.
Había armado su propia lógica.
Había encontrado la llave porque escuchó
durante semanas a Natalie murmurar sobre dónde podía estar.
Después, mientras Natalie trabajaba, entró a buscarla.
No sobrenatural.
Solo infantil.
Y extrañamente brillante.
Pero el resto era muy real.
A la mañana siguiente Sebastian llamó a sus abogados.
No