El multimillonario abrió su armario kara y encontró a la hija de una empleada… la niña llevaba tres horas esperándolo por una razónkara

sabes.

—Sí.

—No.

Pausa.

—El Sebastian de hace ocho años habría puesto cinco abogados, tres investigadores y seguridad afuera de mi

apartamento antes de preguntarme qué quería.

Él abrió la boca.

La cerró.

—Probablemente.

—Exacto.

—Pero habría protegido a Mia.

—Mia no existía todavía.

—Punto irrelevante.

—Muy relevante biológicamente.

Eso terminó con ambos riendo.

El dolor empezó a volverse relación.

Mia fue el puente.

No porque tuviera obligación.

Simplemente porque trataba a Sebastian como persona.

No magnate.

No patriarca.

No hermano perdido.

El señor serio que tenía rodillas ruidosas.

—Estás