El multimillonario abrió su armario kara y encontró a la hija de una empleada… la niña llevaba tres horas esperándolo por una razónkara

vez porque durante ocho años él casi nunca había hablado con ella.

Presionó el intercomunicador.

Después lo soltó.

—No.

Se levantó.

—Voy yo.

Natalie lo miró como si acabara dev

anunciar que cocinaría.

Sebastian volvió cinco minutos después con leche.

Mia tomó el vaso.

—Gracias, señor serio.

—Sebastian.

—Señor Sebastian.

—Eso empeoró.

La niña bebió.

Natalie tuvo que ocultar una sonrisa.

Fue entonces cuando Sebastian comprendió algo que lo incomodó.

Había visto a Natalie prácticamente todos los días durante años.

Sabía que organizaba la planta privada.

Que jamás faltaba sin