Una experiencia en un campamento le enseñó a una madre una valiosa lección sobre la generosidad

especial ilusión. Sus compañeras llegaron a crear una regla informal para recordarle que debía disfrutar de su propio turno antes de ofrecérselo a otra persona. Lo que parecía simplemente una extraordinaria disposición para ayudar comenzó a mostrar otro aspecto: Mia estaba dejando sistemáticamente sus propios deseos en segundo plano.

La explicación apareció cuando madre e hija hablaron con tranquilidad. Mia había visto los fines de semana adicionales que su madre trabajaba y comprendía que pagar el campamento había requerido sacrificios. En su lógica, debía compensar ese esfuerzo siendo útil, pidiendo