poco y aprovechando lo mínimo posible. Su madre reconoció entonces comportamientos similares en casa: Mia elegía productos más baratos, evitaba pedir determinadas cosas y ocasionalmente se disculpaba por generar gastos. La conversación permitió establecer una diferencia importante: valorar el esfuerzo de la familia es positivo, pero un hijo no necesita convertir esa gratitud en culpa. La responsabilidad económica del campamento pertenecía al adulto; la responsabilidad de Mia era participar, aprender, divertirse y disfrutar de una experiencia que había sido preparada precisamente para ella.
Al día siguiente, una visita al supermercado