La niñera curvy le pidió al hombre más temido de la ciudad que fingiera ser el papá de un niño al que molestaban en la escuela, pero nadie esperaba que volviera a aparecer al día siguiente

Dominic sintió una presión extraña en el pecho. No era orgullo por una victoria, ni la satisfacción de haber conseguido algo que quería. Era algo más frágil, algo que no sabía cómo nombrar. Al terminar la actividad, Noah insistió en que Dominic viera su salón, su casillero y el rincón donde guardaban los libros de dinosaurios.

Dominic aceptó cada petición con una paciencia que habría dejado boquiabiertos a sus socios. Cuando finalmente salieron, Noah le tomó la mano. —¿Vas a venir mañana también? Dominic miró a Claire. La niñera le