diferente. No incómodo, sino lleno de palabras que ninguno se atrevía a pronunciar. Entonces sonó el teléfono de Dominic. Su expresión cambió al leer el mensaje. Un socio había descubierto que alguien estaba investigando sus movimientos y había preguntado por el niño que ahora aparecía con frecuencia a su lado. Dominic guardó el teléfono y se quedó mirando la ventana.
Claire notó el cambio de inmediato. —¿Qué pasa? —Nada que debas resolver tú. —No me hables como si fuera una empleada tuya. Si algo puede poner a Noah en peligro,