El dueño millonario entró vestido como un cliente humilde a su propia relojería…

primero.

 

—¿Tú otra vez? —dijo con desprecio—. ¿Ahora sí conseguiste ropa prestada?

 

Mateo ni siquiera la miró. Caminó hasta el centro de la tienda, sacó una carpeta negra y habló con una voz

que hizo temblar hasta el gerente.

 

 

—Buenas tardes. Soy Mateo Herrera, director general y propietario de Grupo Herrera.

 

El aire se cortó.

 

Fernanda se quedó blanca. Mariana bajó la vista. El gerente sintió que el cuello de la camisa le apretaba.

 

Lucía dejó caer el paño que tenía en la