mí la copia del pagaré.
Yo seguí mirando la fecha.
—Ocho millones de pesos.
Mauricio tardó en contestar.
—¿Quién te dio ese documento?
No preguntó qué documento.
Preguntó quién me lo había dado.
Mariana escribió una palabra en una hoja y la empujó hacia mí.
«Basta».
Entendí.
No necesitábamos seguir provocándolo.
Él mismo acababa de mostrar que sabía perfectamente de qué estábamos hablando.
—A partir de ahora habla con Mariana —dije.
Y terminé la llamada.
Mis manos temblaban.
Pero no de la misma manera que en la parada.
Teresa extendió