de la disputa.
También quedaron bajo revisión los movimientos por cinco millones cuatrocientos mil pesos que Mariana y yo ya habíamos identificado.
Yo no sabía cuánto tardaría todo.
Mariana se negó a prometerme rapidez.
Se lo agradecí.
Después de vivir tanto tiempo con un hombre que prometía cualquier cosa con tal de conseguir lo que quería, una respuesta prudente me parecía una forma de respeto.
Dos semanas después de la noche en la carretera regresé a la casa acompañada únicamente para recoger algunas pertenencias personales.
No fui para discutir.
No