telas, lápices y catálogos antiguos de mi trabajo como diseñadora de interiores.
Pesaba más de lo que recordaba.
La cargué hasta el automóvil.
Esa misma tarde llamé a una antigua clienta.
No para pedirle un favor.
Para decirle que estaba trabajando otra vez.
Empecé poco a poco.
Una habitación.
Después un departamento.
Luego una remodelación pequeña recomendada por alguien que conocía mi trabajo de antes.
No necesitaba demostrarle a Mauricio que podía mantenerme.
Mi patrimonio ya existía antes de él.
Mi profesión también.
Lo que necesitaba demostrarme era que todavía