Eso me hizo comprender que llevaba horas intentando localizarme.
—Estoy bien —respondí por reflejo.
Teresa giró el rostro hacia mí.
No dijo nada.
Corregí la frase.
—No. No estoy bien. Mauricio me golpeó, me quitó el teléfono y la cartera y me dejó en una carretera.
Mariana guardó silencio apenas un instante.
—¿Estás en un lugar seguro?
—Sí.
—Entonces no regreses a la casa esta noche.
Le conté lo del pagaré.
Cuando mencioné la fecha, Mariana me pidió repetirla.
Lo hice.
—Lucía, esa fecha puede ser importante —dijo—. No porque