en momentos cotidianos. El silencio compartido se volvió reconfortante en lugar de vacío.
El trato de Edward seguía siendo siempre amable. Agradecía cada tarea realizada y se interesaba sinceramente por el bienestar de Amara. La amabilidad que ella encontraba allí difería de las dinámicas familiares que había conocido anteriormente. La paciencia y la gratitud marcaban sus respuestas e interacciones diarias.
Para Edward, contar con una compañía constante le devolvió la sensación de ser tenido en cuenta. Las visitas de Amara daban estructura a los días y las tardes se sentían