menos solitarias. El vínculo surgió sin intención deliberada; se fue forjando a través de horas de conversación cotidiana y respeto mutuo.
La decisión de casarse llegó tras un periodo de silencioso reconocimiento; ambos eran conscientes del consuelo que se brindaban mutuamente. La ceremonia fue íntima. Los días posteriores se asentaron en una rutina compartida de comidas, conversaciones y una presencia
en momentos cotidianos. El silencio compartido se volvió reconfortante en lugar de vacío.
El trato de Edward seguía siendo siempre amable. Agradecía cada tarea realizada y se interesaba sinceramente por