misma tarde intentó comprar un anillo carísimo en un centro comercial. La operación fue rechazada frente a su prometido.
Me llamó veinte veces. No respondí.
Al anochecer volví a la casa acompañado por un abogado, el notario y dos policías municipales que acudieron para evitar una confrontación. Mi madre estaba en la sala, rodeada de papeles del banco. Karla tenía el maquillaje corrido y el vestido arrugado.
—¡Nos robaste! —gritó Teresa—. ¡Devuélveme mi casa y mi dinero!
Abrí mi carpeta, puse sobre la mesa las escrituras, los estados de cuenta,