celebró su cumpleaños con amigos de León. Mi madre obligó a Lucía a cocinar birria, arroz, ensalada y tres ollas de pozole. Cuando uno de los invitados preguntó quién era “la sirvienta enferma”, Karla se rio.
A las tres de la mañana saqué a Lucía de aquella casa. La llevé a un hospital oncológico de León, donde confirmaron que el tumor seguía siendo tratable, pero su desnutrición ponía en riesgo cualquier cirugía. La internaron para estabilizarla.
Después transferí legalmente el dinero y cancelé la tarjeta adicional que Karla usaba. Esa