cabello de mi esposa por dos mil quinientos pesos.
—Mientras tú guardabas más de un millón en inversiones, Lucía vendió su cabello para pagar una biopsia —dije—. ¿También vas a decir que eso era un regalo para ti?
Mi madre bajó la mirada apenas un segundo. Luego endureció el rostro.
—Ella siempre fue débil. Además, tú eres mi hijo. Primero está tu madre.
—Ser mi madre no te daba derecho a dejar morir a mi esposa.
Karla soltó una carcajada nerviosa.
—Ni siquiera sabes si de verdad está enferma. Seguro