Después de mandar casi dos millones de pesos durante cuatro años trabajando en el extranjero, regresé para abrazar a mi esposa y la encontré rapada, demacrada y arrodillada junto al fregadero. Mi hermana se burló: “Así se ve una mantenida”. No discutí; grabé cada palabra, abrí su expediente médico y dejé sobre la mesa unos documentos que ellas firmarían por pura codicia.

un hermano hay que perdonarle todo, hago una sola pregunta:

¿También cuando para conservar su comodidad están dispuestos a dejar morir a una persona inocente?