drama, Javier —dijo mi madre—. Lucía se puso químicos baratos y se le cayó el pelo. Además, se obsesionó con adelgazar.
—Está loca —añadió Karla—. Vive de tu dinero y todavía quiere llamar la atención.
Entonces vi una cinta médica bajo la manga de Lucía y una mancha amarillenta donde le habían canalizado una vena. Quise exigir respuestas, pero comprendí que la casa, las cuentas y casi todo estaban a nombre de ellas. Si las enfrentaba sin pruebas, podían ocultar el dinero y culpar a Lucía.
Así que mentí.
—Regresé