Después de mandar casi dos millones de pesos durante cuatro años trabajando en el extranjero, regresé para abrazar a mi esposa y la encontré rapada, demacrada y arrodillada junto al fregadero. Mi hermana se burló: “Así se ve una mantenida”. No discutí; grabé cada palabra, abrí su expediente médico y dejé sobre la mesa unos documentos que ellas firmarían por pura codicia.

mi hermana dormían cómodamente, y tomé una decisión.

No podían imaginar lo que estaba a punto de ocurrir…

PARTE 2

A la mañana siguiente empecé a actuar como el peor esposo del mundo.

Delante de Teresa y Karla fingí estar avergonzado de Lucía. Critiqué su aspecto, le ordené volver a la cocina y dije que, cuando recibiera los cuatro millones, pensaría en divorciarme. Cada palabra me quemaba, pero funcionó: ellas dejaron de cuidarse frente a mí.

Esa tarde mi madre olvidó su teléfono sobre el refrigerador. Probé con la fecha