otra persona antes del regreso de Alejandro. El guardia bajó la mirada. Desde el pasillo, Lupita escuchaba en silencio.
—Una sirvienta resentida puede inventar cualquier cosa —dijo Valeria—. Nadie te creerá.
Pero Rosa recordó el consejo de su hermana: guardar pruebas. Durante varias semanas había anotado horarios, llamadas extrañas, visitas del contador y objetos que Valeria movía del despacho. También había fotografiado, sin abrirlo, un paquete dirigido a una casa de empeño de Polanco porque Valeria le había exigido llevarlo al automóvil.
—La fecha de ese paquete es anterior al