apretaron el asa del maletín con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Dio un paso atrás, como si hubiera visto a un fantasma parado en medio del pasillo.
—¿A… Ana? —balbuceó con la voz rota—. ¿Qué… qué haces tú aquí?
Di un sorbo lento a mi té antes de responder:
—Terminé el proyecto en Split tres semanas antes de lo planeado, mi amor. Quería darte una sorpresa. ¿No te alegra verme en casa?
Marko miró a su madre con pánico evidente. Vesna frunció el ceño, molesta por