limpio—. Porque hace apenas dos horas hablé con el director de la entidad crediticia de la calle Ilica. Me confirmaron que el señor Marko Kovac acababa de retirar tres millones de euros en efectivo y pagarés garantizados con la hipoteca de la granja de mi padre en Eslavonia.
El silencio que cayó sobre la sala fue tan pesado que solo se escuchaba el zumbido de la heladera.
Ivana soltó una risa nerviosa:
—¿De qué estupidez estás hablando, Ana? ¿Cuál granja? Ese viejo campesino no tiene ni para comprarse zapatos nuevos.