se llevaban a Marko escoltado hacia la patrulla en medio de los vecinos que salían a sus balcones a presenciar el escándalo.
Vesna intentó mirarme con veneno mientras metía su ropa a toda prisa en sus maletas, pero al toparse con mi mirada comprendió que su imperio de apariencias había quedado reducido a cenizas. Fueron desalojadas por la policía sin un solo centavo ajeno en los bolsillos.
A la mañana siguiente, viajé en coche hasta la tranquila aldea de Eslavonia.
Al llegar a la pequeña granja, encontré a mi padre