sentado en el porche, mirando con tristeza los campos que creyó perdidos. Me bajé del auto, subí los escalones de madera y le entregué la resolución judicial original: la cancelación definitiva de la hipoteca, la revocación del poder y la restitución total de sus tierras libres de gravamen.
Mi padre tomó el documento con manos temblorosas, alzó la mirada y rompió en un llanto silencioso de alivio. Lo abracé con fuerza, sintiendo el olor a tierra mojada, a humo de leña y a esa dignidad campesina que ninguna familia arrogante