El regreso anticipado: la trampa contra mi esposo que intentó despojar a mi padre

podrá comprar jamás.

—Ya pasó, papá —le susurré al oído—. Nadie volverá a hacerte agachar la cabeza.

Comprendí entonces que la arrogancia de quienes viven de apariencias siempre cava su propia ruina. Quienes intentan pisotear las raíces humildes de los demás terminan cayendo ante el peso de su propia bajeza, mientras que la verdadera lealtad familiar permanece intacta, firme como la tierra firme tras la tormenta.