nada hoy.
Su madre lo miró con una mezcla de irritación y desprecio.
Dijo que estaba cansado, que yo no entendía cómo funcionaban las grandes familias, que debíamos agradecer la generosidad que nos estaban mostrando.
Cuando respondí que quería revisar los papeles con un abogado independiente, su expresión cambió por fin.
Ya no fingió dulzura.
—Mia, hay tratamientos costosos, hospitales que cobran por adelantado y empleadas que olvidan demasiado rápido de dónde vienen —murmuró.
Ese fue el momento exacto en que entendí que no solo querían usarme.
Pensaban que podían