absoluto que hasta las copas parecieron dejar de sonar.
Después empezaron los murmullos.
Y el miedo cambió de lado.
Ethan avanzó hasta el escenario en su silla, sin esconderse por primera vez desde que yo lo conocía.
Tomó el micrófono con las manos firmes.
Dijo que no podía caminar, pero que pensar, decidir y dirigir nunca habían dependido de sus piernas.
Dijo que lo habían educado para creer que su discapacidad era una vergüenza que debía cubrirse con mantas, abogados y sonrisas falsas.
Después
miró al consejo y anunció que