como homenaje a la riqueza, sino a la idea de que el poder debía servir para levantar a otros.
Me pidió que dirigiera el área social del proyecto.
Acepté después de pensarlo mucho.
Esta vez no como sirvienta, ni como esposa decorativa, sino como alguien cuya opinión tenía peso real.
Trabajar a su lado fue conocerlo de verdad.
Sin mantas puestas por vergüenza ajena.
Sin padres hablando por él.
Sin documentos escondidos en cajones.
Discutíamos, nos contradecíamos, nos pedíamos perdón cuando hacía falta.
Yo dejé de verlo como el hombre