triste sentado junto a la ventana y empecé a verlo como alguien capaz de mirar de frente incluso aquello que le daba más miedo.
Seis meses después, una tarde de lluvia, me pidió que lo acompañara al mismo jardín de invierno donde yo lo había encontrado llorando.
El olor a tierra mojada entraba por las ventanas abiertas.
Sobre la mesa había dos tazas de café y ningún abogado a la vista.
Ethan me miró con esa mezcla de vulnerabilidad y firmeza que solo aparece cuando alguien ya no tiene nada