necesidades básicas. Vivíamos en constante incertidumbre, sin estabilidad ni seguridad.
La educación también era un problema. A menudo, Albert y sus hermanos no podían ir a la escuela porque no podían pagar la matrícula. Mientras otros niños salían cada mañana con sus mochilas, ellos se quedaban en casa, soñando con un futuro que parecía tan lejano.
Pero en medio de todas estas dificultades, Albert tenía algo especial… su risa.
Era una risa pura y sincera, llena de vida. Una risa que no reflejaba la dureza de su realidad, sino una