cerró la puerta.
No volvió a dormir aquella noche.
Durante horas repasó los últimos meses.
Había señales.
Muchas.
Pero él había decidido ignorarlas.
Valeria tenía veintisiete años y siempre había sido encantadora cuando Arturo estaba presente.
Sin embargo, últimamente se quejaba cada vez más de Sofía.
Decía que la niña interrumpía sus planes.
Que necesitaban tiempo como pareja.
Que después de casarse quizá podrían enviarla durante temporadas con familiares o a una escuela lejos de casa.
Arturo había pensado que era estrés por la boda.
También había querido creer que