Dos días antes de casarse, encontró a su empleada esposada… pero el gesto de su hija lo cambió todo

volumen.

—Quiero ir a casa —decía la niña.

Valeria golpeó el volante.

—¡Ya basta!

Arturo se quedó inmóvil.

Jamás había escuchado ese tono en su prometida.

—Estoy ocupada con la boda y llevas todo el día molestando.

—Quiero a Mimi.

—Marisol no está aquí.

—Quiero a mi papá.

Valeria respiró con fuerza.

La camioneta salió de la carretera principal y entró en la zona industrial.

Minutos después se detuvo en un estacionamiento vacío.

Valeria bajó.

Abrió la puerta trasera.

Sacó a Sofía.

La niña comenzó a llorar todavía más.

—Vas