por Marisol, Arturo respondía con pocas palabras.
Cuando preguntaba por Sofía, él decía que estaba descansando.
—¿Y la boda? —preguntó ella.
—Todo sigue como estaba planeado.
Valeria sonrió.
Arturo sintió escalofríos.
Dos días después, el gran salón estaba listo.
Había mesas elegantes, flores blancas y casi doscientos invitados.
Familiares, conocidos y personas relacionadas con los negocios de Arturo conversaban mientras esperaban la ceremonia.
Valeria estaba en una habitación privada terminando de prepararse.
Su vestido había costado una fortuna.
Ella se observaba en el espejo con una sonrisa tranquila.
Creía que