había ganado.
Marisol seguía lejos de aquella casa.
Sofía apenas hablaba.
Y en pocos minutos Valeria sería la esposa de uno de los empresarios más ricos del lugar.
La puerta se abrió.
Valeria sonrió.
—¿Ya es hora?
No entraron sus acompañantes.
Entró Arturo.
Llevaba un traje oscuro normal.
No el que había elegido para casarse.
Detrás de él había varios agentes y el investigador que llevaba el caso.
La sonrisa de Valeria desapareció.
—Arturo…
Él sacó su teléfono.
—Necesito que escuches algo.
—¿Qué haces? Los invitados están esperando.
Arturo presionó